Julio C. Palencia

A Rosa Palencia, mi hermana.

De niño mi madre me decía:
pata de chucho,
pata de chucho,
chucho,
y de tanto repetirlo yo me lo creí.

Las estrellas tendieron su red
y al oído repetían: pata de chucho, chucho,
y el mar al arrullarme
lo decía también.

De marinero pasé a científico,
de científico a panadero y
sin embargo
yo tenía una hermana
que sólo quería darse una flor.

Para de chucho el caminante,
pata de chucho el ruiseñor,
pata de chucho todo el mundo
lo quiera el señor o no.

Olvidé la panadería,
niño al fin
quise atrapar sueños en pleno vuelo y
sin embargo,
ella solamente cortó una flor
y la sostuvo en lo alto de su aliento.