Los Ulises de nuestra Odisea

 Julio C. Palencia

Conversatorio de un día

Harás un largo viaje, que de tan largo parecerá no tener fin.

Viaje o regreso, viaje y regreso, ¿Ulises predestinado? Nada más falso. En versiones susurradas por otros protagonistas, es el olvido, el extravío, la muerte. Ulises, en una versión alterna, regresa, sí, pero muerto. En otra no regresa más, y se queda extraviado en otro puerto, otro perfume, otro acento, otra Penélope.

Ulises es el primer paso, el de salida, y es el último, el de llegada. Dime cómo será el regreso para que mi corazón no pierda el camino de vuelta, clama Ulises en su sueño.

No fue Troya ni Ítaca el inicio de tu tragedia. Fue el fracaso de toda tu ascendencia y el tuyo propio por darte una patria digna, fue el desprecio de los otros y tu silencio, fue un callejón sin salida.

En el comienzo mismo de tu viaje está el fracaso. Y sin dar el primer paso, ya piensas en el regreso. El camino es una puerta abierta que conduce a cualquier parte.

Un precipicio.

Una bestia de acero.

Un río lleno de manos que empujan hacia lo profundo o jalan hacia la orilla, dependiendo de tus dólares.

Una esperanza, enferma, sí, pero hasta esa te niega la malsana Ítaca.

No mueras antes de llegar a tu destino, Ulises; no te condenes a repetir el mismo viaje siempre.

Si el olvido o la muerte no se apropian de tu gesto, y regresas, regresarás otro. Y nadie te reconocerá. Si vivos tu padre o tu  madre, serán ellos los que al tocar el rostro tuyo sepan que estás aquí. O tu viejo perro, si uno tuviste.

Cámbiate el nombre, Ulises, regresa de incógnito, y quizá así comprendas lo que en una jugarreta el destino te arrebata.

Observa de lejos a tu Penélope, la de antes, envejecida, refunfuñando a otro. Mira a tus hijos que ven con tu mirada pero no te reconocen.

Cámbiate el nombre, Ulises. Reinicia tu viaje.

En el comienzo mismo de tu viaje está el fracaso. Y sin dar el primer paso, ya piensas en el regreso. El camino es una puerta abierta que conduce a cualquier parte.