La espada incandescente de la poesía. Entrevista a Mario Payeras.

El texto siguiente es parte de la entrevista realizada a Mario Payeras por Julio C. Palencia
Publicada en el número 3 de la revista Rayuela, 1992.

¿Qué representa en su vida la poesía? ¿Cómo la define usted?
En nuestro gusto poético solemos recorrer la historia de la poesía. Se comienza en la infancia con lo épico o lo didáctico; nos abismamos en el sueño romántico en la época del primer amor; emergemos a la lucidez intelectual blandiendo la espada incandescente de la poesía vanguardista. La formación del alma humana bajo la influencia poética es sin duda un privilegio.

La poesía puede estar en cualquiera de las grandes creaciones humanas. El final del Origen de las especies es poético, y lo son igualmente muchas páginas de Newton, sobre todo las que tratan del sistema del mundo o de la explicación de las mareas terrestres. En la mejor obra de Hegel alumbra una poesía mística y extraña.

La poesía ha sido siempre una reafirmación frente a las negaciones de lo humano. Es la voluntad de persistir en la nobleza de la especie frente a la opresión, la esclavitud, el industrialismo, la materia basta o la muerte. Por eso los esclavos cantaron y los primeros filósofos elevaron su palabra mágica frente al cosmos.

Sin la poesía el mundo estaría concluido; ella es el fruto óptimo de la libertad.

La exquisitez de El Mundo como flor y como invento patentiza un alto oficio en el arte de escribir, ¿qué tanto de su vida va en esos cuentos?
Son de cierta manera un recuento de mi niñez y a la vez quieren ser un mapa de una realidad que presiento tras la apariencia y el carácter perecedero de las cosas. Nací en una de esas casas de tejados y zaguán con naranjos y rosaledas en el patio, donde el tiempo interior es obra de otros pájaros. Quedaba en Chimaltenango, junto al cuartel, y la habitaba una quietud propia. De visita a la capital desde el frente guerrillero, en 1974, pasé frente a la casa, aunque fuera sólo para verla de lejos. Dejé para otro tiempo visitar a mi familia, y cuando en 1978 bajé de la montaña volví a mi pueblo natal. En su querido espacio encontré entonces el edificio de teléfonos, ya que la casa había sido destruida por el terremoto de 1976. Desde entonces me nació la inquietud de recobrar mediante la literatura la realidad temblorosa y frágil de la primera infancia. También los animales de la selva, las historias de sus pobladores y otros lugares por donde he pasado, y cuyos ámbitos marcaron mi memoria. Lo de la gaviota del golfo, por ejemplo, fue una realidad. Hace  algunos años, viajando de Veracruz hacia México, a través de Jalapa, una tarde tormenta divisé al ave blanca describiendo círculos en las estribaciones del Cofre de Perote, cien kilómetros tierra adentro. Después la vi perderse entre la neblina en dirección al Orizaba. No sé qué buscaba cerca  de la nieve una voladora marina.

García Márquez opina que escribimos para que los demás nos quieran un poco. ¿Qué lo motiva a usted a escribir?
La ingenua creencia de que podemos algo contra el tiempo, ese que se traga lo mejor que hemos visto y vivido.

Usted, como guatemalteco, ¿a dónde piensa que se dirige Guatemala?
Hacia una profunda transformación democrática, siempre que todos los ciudadanos conscientes hagamos lo que corresponde.

¿Hay bases para esperar una distensión en la sociedad guatemalteca que permita realmente iniciar un libre juego democrática, circulación plena de ideas, respeto a los derechos humanos?
Mientras sigan monopolizando el poder ciertos sectores empresariales que se expresan a través del CACIF, el grupo de oficiales del ejército que se empeña en hacer triunfar la contrainsurgencia y los grupos políticos que respaldan esa línea de acción, no habrá esperanza de cambios verdaderos. la intransigente respuesta del CACIF al documento Guatemala, una paz justa y democrática, de la URGN, revela que ni siquiera un planteamiento moderado y básico como ese se le presta atención por parte de la élite económica. ¿Tienen acaso esos empresarios conciencia de la gravedad de la situación?  la cúpula del ejército, por su parte, defiende celosamente los intereses y la intransigencia de esa minoría, haciendo cálculos erróneos sobre el cuadro estratégico. ¿Han tomado en cuenta el hastío popular frente a la crisis social no resuelta, el desengaño del electorado ante la ineptitud de todas las fórmulas políticas, los pies de barro del actual gobierno? Hoy por hoy el pueblo reconoce en el ejército a su verdugo, y sólo las iniciativas  democráticas de una nueva oficialidad podrán limpiar ese nombre. La oportunidad está a la vista y consiste en hacer la paz pensando en el beneficio de toda la ciudadanía y abandonando la inflexibilidad y el triunfalismo que sólo conducirá a prolongar el conflicto. Sólo sobre bases democráticas efectivas será posible la convivencia pacifica de todos los
guatemaltecos.

En su opinión, ¿Guatemala tiene futuro como país?
Luchamos para que así sea. El futuro de las naciones pequeñas y subordinadas como Guatemala no está asegurado en el mundo que siguió al desplome de la Unión Soviética, un mundo donde prevalece la fuerza. El futuro de Guatemala como nación está, por una parte, en la democratización a fondo de la sociedad, y por la otra en la creación de una nueva nación. Por lo primero entiendo crear condiciones en el país para el despliegue sin trabas del inmenso potencial de sus ciudadanos, haciendo a un lado el corsé de los intereses oligárquicos y los intereses antipatrióticos de las oligarquías excluyentes.

Vislumbro la existencia de nuevos sectores empresariales que han entendido que una nueva Guatemala, un país con oportunidades para todos, es necesario para participar exitosamente en el mundo actual. la iglesia cristiana, aquélla que responde ante todo al objetivo del bien común, es también una voz que clama por las necesidades básicas de sus fieles. Los pueblos mayas han irrumpido en el escenario social y reclaman con potente voz sus derechos largamente negados. El movimiento sindical, estudiantil, popular, nunca llegó a ser doblegado y hoy está presente en la forja de una nueva Guatemala. Son todas fuerzas sociales cuyo reclamo principal es la democratización real de nuestra sociedad. Ello será posible si todos los ciudadanos, formando un frente común, nos decidimos a luchar.