Ítaca eterna

Hacia dónde se regresa no lo sé.

Quizá a la imaginada añorada tierra tuya.

La sutil, la perfecta en el sueño,
la desgarrada Dulcinea del recuerdo.

Se regresa, pero sin rumbo
a ser otro, a encontrar otro mundo
a rendirle tributo al recuerdo
a encontrar la memoria viva de los ya muertos.

Escribes estas líneas trastabillando
sin ritmo ni tono ni encantamiento
las escribes para liberarte
y desatar en cada letra el llanto.

No ofrezco el sosiego envejecido de los años
el tranquilo aparato de la comodidad
el acomodo necesario de la comida y el Estado
un burócrata predecible y acabado.

A mi me persiguen las hormigas
me impiden quedarme en reposo
y la nada se resiste a guardar en mi regazo
una brocha gorda de pintor barato
he crecido hacia no se qué
me eternizo en otros que no existen
me crecen flores y espinas
y la boca se me llena de oraciones
hacia un dios que aún no invento.

Extiendo mis brazos y reparto besos a fantasmas vagando en mi memoria
repito frases, situaciones alejadas entre sí por muchos años
toco una puerta que parece falsa y entro a un mundo verdadero.

Me gusta tu presencia, la que es silenciosa
la que no pretende nada. Tu amistad simple.

He crecido hacia un no se qué.

El medio día se planta portentoso
canta la luz todos los tonos
con el viento.

La vida es aún una canción que no comprendo.
Me maravilla.

Va tarareando una tonada que me gusta
silbido medio chueco medio dulce
susurro de amor de color incierto.

Un niño de Mixco husmea desde el recuerdo hermoseando la mañana
sonríe y me vacía el alma de tanta ausencia
y de líneas no escritas
por indecibles.

Julio C. Palencia