Vértigo

Julio C. Palencia

Qué náuseas, a veces, de ser parte de esta luminosa y sangrienta fiesta. De tomar un sartén, abrir un libro, saber de un gobierno, su gobernante y sus gobernados. A veces qué náuseas de leer unas palabras y quedarse de cualquier manera quieto, inmóvil, vociferando al vacío, como si no pasara la tragedia bajo nuestros pies.