Lenguaje y cosa, nombre y acercamiento I

No me importa que nombre tiene esa estrella,
ni a cuantos años luz de mi pueblo está,
con tal que cada noche se encienda
y yo la vea titiritar.
Joan Manuel Serrat

Si… el nombre es arquetipo de la cosa,
en las letras de rosa está la rosa
y todo el Nilo en la palabra Nilo.
El Golem
Jorge Luis Borges

He venido pensando últimamente sobre las palabras y las cosas, sobre mis sentidos y lo externo. El lenguaje de las palabras es una herramienta poderosa, eminentemente social, básica en nuestra práctica civilizatoria. Todo lenguaje, cualquiera que sea, requiere de sujetos interrelacionados. El lenguaje es una convención, un acuerdo, un desarrollo conjunto, un pasado común.

¿Qué es nombrar? rosa, río, mujer, naranja, y cielo. Entrelazo las letras en mi lengua y en mi cuerpo, y digo rosa y el sonido  de las letras despliegan multitud de opciones: rosa.
Y digo roja.
Y se hace más particular mi experiencia, y el cerebro, mi cuerpo entero, asocia ideas, emociones, sentimientos, elabora un machote de realidad preestablecido.
Rosa roja.
Maravilla del lenguaje, abstracción y generalización. Esa rosa roja… o no importa qué rosa ni cuál su color.

El lenguaje es experiencia compartida. Es un río codificado donde se camina y hace que se entienda un gesto, un ah, un uh,  un nah, que lo llena de significado. Es entender lo que es rosa y lo que es rojo. Y no me interesa entrar aquí en el terreno de la construcción del lenguaje, de su sustantivo verbo adverbio o adjetivo.

Con su innegable utilidad, base de la civilización humana, el lengua representa, aspira a señalar, a comunicar, a generalizar.

El lenguaje y sus palabras iluminan con luz débil, nos engañan como una noche de cielo estrellado. Vemos un plural de pasados al levantar la vista al cielo, vemos lo que ya no es, vemos cadáveres celestes. Así el lenguaje. en su afán de comunicar, esconde.

El lenguaje, siendo un cuerpo social vivo, es sobre todo pasado. Nunca el pasado ha estado más vivo que en el lenguaje. Y su lava ardiente, de avanzada, es lo que quema la lengua poética. Hay que inventar y nombrar los límites de la realidad, de nuestra realidad. Nombrar algo es no sólo desplegarlo, mostrarlo, sino igualmente lo contrario: esconderlo.

He de declarar antes que nada mi desconfianza hacia el lenguaje. Es en plural mi desconfianza.

El lenguaje libera. Cárcel y carcelero a la vez. Las palabras son alas, grillete. El lenguaje, en tanto que machote, venda en la inteligencia y en los ojos, que impide percibir más allá de esta realidad pre-construída, pre-elaborada. preliminar.
Tienen doble naturaleza, las palabras.
Una línea bendita en un poema decente basta para apuntalar esta idea. Ese vislumbrar más allá por el lector, motivada por la línea bendita pero en realidad viva por el lector mismo, ese ver una grieta rajadura en el machote de la realidad, es lo que nos deja mudos y maravillados debido a la aparición de algo que allí estaba pero que no era perceptible.

Seguiré con esto más adelante.

Un abrazo a tod@s.

Julio C. Palencia