Don Pollo

Julio C. Palencia

A Rafael Palencia, mi abuelo.

En su juventud, decía,
había sido guardabosque en Petén
siendo la tierra virgen y distinto de la tristeza que es ahora.

Allí, de un árbol que rozaba el cielo
cayó un gorila, un homínido grande y peludo,
al que mi abuelo no sin mucho esfuerzo
hizo huir a bala limpia.

Igual, liberó a una aldea
de una serpiente enorme
que devoraba las crías más chulas pero descuidadas
de los marranos.
Enorme era el animal aquel, decía.

Otra ocasión libró a una campesina
joven
de un grupo de serpientes
acostumbradas por las noches a chupar
la leche de sus pechos.
!Cosa rara, nos decía!

Salido de una línea de Borges, mi abuelo,
un Tarzán apacible y bondadoso.

Guardabosque de una selva virgen
en los años 20 de no sé que siglo,
en un tiempo que parece ahora muy lejano
y donde mi abuelo comandaba
una legión completa de animales
que no entendían de ley ni obediencia.